Praxis Digital


SABOTAJE: EL VIDEO JUEGO FINAL

(texto tomado de Etcétera nº5, febrero del 85)

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Esta es la traducción de un artículo aparecido en el número 5 de PROCESSED WORLD, revista que anima un grupo de compañeros de San Francisco. Han publicado 11 números desde que empezaron en 1981, y sus análisis se centran básicamente sobre la problemática del trabajador terciario –oficinistas, programadores, trabajadores que trabajan con alta tecnología–, reflejo de su realidad inmediata, San Francisco, ciudad terciaria, sede importante del capital financiero multinacional y prioritaria en el sector de la investigación tecnológica, sin prácticamente raíces en la clase obrera industrial. Análisis de la tecnología actual, de las luchas que en tal sector se dan, crítica de esta actual forma de alienación del trabajo,… abordado todo ello desde una perspectiva crítica radical anticapitalista. A parte de esto incluyen también análisis y críticas de otros aspectos de la sociedad actual, así como poesía, comics,… buscando un lenguaje no estereotipado, lejos de nuestras grandes frases, que les permite salir del clásico círculo izquierdista. Esto junto a una actividad militante, hace que la revista sea algo vivo (ver por ejemplo la amplia sección de cartas) y con una distribución amplia. Si os interesa conectar con ellos, podéis escribirles a:

Processed World

5 Sutter Street 829, CA 94. 104 USA

San Francisco

¿Qué oficinista no habrá pensado en derramar sobre el teclado de su terminal una taza de café hirviendo, o arrojar los auriculares a través del cristal del cubículo de su supervisor, o convertir el fajo de formularios esperando en la bandeja de entradas en una antorcha, «olvidándose» encima un cigarrillo? El impulso de sabotear el entorno de trabajo es probablemente tan viejo como el mismo trabajo asalariado, o quizás más viejo aún. La vida en una oficina supone frecuentemente tener que soportar los procedimientos infantiles de los supervisores y la humillación de estar subordinado siempre a alguien. No es pues ninguna sorpresa que muchos de nosotros colmemos nuestras frustraciones en el propio medio en el que se desarrolla la vida laboral.

El auge actual en el uso de máquinas computadoras ha añadido leña al fuego, por decirlo de alguna manera. «Word Processors», terminales remotas, auriculares e impresoras de alta velocidad son sólo algunos de los aparatos rompibles que han venido a dominar la nueva oficina. Designados para el control y la supervisión, aparecen generalmente como la fuente más inmediata de nuestras frustraciones.

Estropearlos es una forma muy rápida de desahogar un cabreo o de ganar unos cuantos minutos extras de descanso.

El sabotaje es algo más que un ineludible deseo de machacar calculadoras, no es una simple manifestación del odio hacia la máquina ni un nuevo fenómeno que haya aparecido solamente con la introducción de la tecnología de las computadoras. Sus formas están fuertemente conformadas por el lugar en el que se producen. El sabotaje de la nueva oficina tecnológica tiene lugar en el contexto más amplio de la oficina moderna, un contexto que incluye condiciones de trabajo, conflictos entre dirección y trabajadores, cambios dramáticos en las relaciones existentes entre los mismos oficinistas.

El poder y el control en la oficina

El trabajo administrativo que antes era considerado una profesión que requería una gran cantidad de habilidad, se parece ahora cada vez más a una cadena de montaje. Los directores administrativos han aplicado conscientemente los principios de la organización científica del trabajo al flujo creciente de papel y dinero, fraccionando el proceso en sus componentes, haciendo rutinario y automático el trabajo, y reservando las tareas «pensantes» a los directivos y a las nuevas máquinas.

El crecimiento y la burocratización en la manipulación de información de las modernas empresas y de los gobiernos, ha cambiado las pequeñas oficinas «personales» en inmensas organizaciones autosuficientes con jerarquías complejas y relaciones de trabajo explícitamente definidas. Nadie está exento de figurar en el organigrama. Las miríadas de títulos y grados tienden a inhibir un sentido de experiencia común, dado que la situación de cada uno siempre parece ligeramente diferente de la de cualquier otro. Cada lugar de la jerarquía tiene sus privilegios, que implica poder a los que están por encima y subordinación a los que están por debajo.

Esta fragmentación social es aún más alienante al ocurrir en el contexto de una supuesta igualdad social. Existe una apariencia de camaradería entre los empleados de oficina con independencia de su rango. Esta atmósfera «agradable» sirve convenientemente para legitimar la jerarquía. Si parece que todo el mundo es igual y tiene iguales oportunidades para escalar, la escalera misma aparece como el signo de la igualdad de oportunidades y todo esto contribuye a crear un conjunto extremadamente sutil de relaciones.

El poder se reafirma no ya mediante confrontaciones violentas, sino inundando el territorio entero de la oficina con sus símbolos a través de cosas, como el traje, el tamaño de la mesa, el tamaño del despacho, la decoración… En este contexto, la gente puede tratar de reducir su falta de poder jugando al juego de los privilegios o formando alianzas con aquellos más poderosos que ellos. Realmente este tipo de comportamiento es prácticamente imprescindible para sobrevivir en una oficina típica. Además de estas relaciones de poder implícitas, muchas oficinas (especialmente las grandes corporaciones) han formalizado procedimientos para manejar conflictos abiertos cuando éstos se producen. Muchas de estas Compañías tienen departamentos de personal que trata de mediar entre los directivos y sus subordinados y aunque la mayoría de la gente reconoce que estos sustitutos de los sindicatos, en el mejor de los casos, son parciales, frecuentemente no hay posibilidad de alternativa, especialmente cuando la acción colectiva no es posible. Este proceso de integrar los conflictos dentro de la jerarquía es el reflejo de las camarillas de poder y manipulación que mantienen el dominio en los niveles más informales. Como tal, indica el intento consciente por parte de la dirección de minar cualquier iniciativa de los trabajadores de organizarse autónomamente, reafirmando la jerarquía como el único marco legítimo para el trabajo, el conflicto, y, dentro de poco, para todos los aspectos de la vida social.

La cultura de la oficina, versus la jerarquía de la oficina

Dentro de la rígida atmósfera de la vida de una oficina, es fácil entender por qué los trabajadores de cuello blanco raramente han desarrollado formas de organización (sindicatos), sino que se han apoyado en técnicas y estrategias diferentes para oponerse a la reorganización de su trabajo y a la introducción de nuevas tecnologías. A pesar de las barreras impuestas por la burocracia, el ambiente informal que se da en la oficina subvierte el orden normal. Actividades en común dentro de este ambiente fomentan a menudo un sentimiento de camaradería y confabulación entre aquellos que la practican. Por ejemplo, muchos administrativos se han convertido en expertos manipuladores de esta amistad superficial y se permiten actitudes que podrían de otra forma considerarse como insubordinación. He trabajado recientemente con una mujer que normalmente llamaba a uno de los ejecutivos «El Führer», dado que tenía fama en la oficina de tener una personalidad cáustica, su comportamiento era aceptado. Aunque este tipo de bromas no mina realmente las bases del poder de los directivos, crea una comunión potencialmente subversiva entre aquellos a los que divierte ver a un burócrata insultado en sus narices.

Otras actividades normales en la oficina contribuyen a la subversión del orden de la oficina, por ejemplo, hacer libre uso de las máquinas de fotocopias, teléfonos, ordenadores, etc., para usos personales en lugar de para usos de la compañía. El tiempo «robado» es otra de las formas más extendidas de comportamiento antiproductivo: alargar el descanso y la hora de la comida, llegar tarde, marcharse temprano y leer el periódico en el trabajo.

Las bromas pueden servir también para interrumpir la rutina normal, por ejemplo, en Blue Cross de California, donde trabajé como temporero en 1974, había unos cuantos cientos de operadores de VDT. Cada operador tenía que realizar un conjunto de procedimientos para poner en marcha su terminal, tras lo cual aparecían en su pantalla las palabras: «Buenos días, la felicidad es un día soleado». Ningún operador estaba de humor para leer esto a las 7,30 de la mañana. Un día alguien del departamento de inputs descubrió como cambiar el programa de puesta en marcha. Cuando los más de 250 trabajadores de terminales empezaron a trabajar aquella mañana, fueron recibidos con un mucho más placentero: «Buenos días, la felicidad es una buena follada». Además de servir para divertirse un rato, esto produjo que la dirección cerrara la computadora hasta que un analista de sistemas fuera a rectificar el programa.

La oposición de los cuellos blancos: Robo, Sabotaje y Huelga

Detrás de estos juegos y bromas cotidianas hay formas más serias de resistencia a la rutina de la oficina. El robo es quizás la mejor conocida de ellas. Sin embargo esto no se reconoce habitualmente como tal, ya que los medios de comunicación se dedican casi exclusivamente al desfalco de los ejecutivos. Conformado por la naturaleza del trabajo mismo (los grandes flujos de dinero que los administrativos tienen que manejar diariamente), la ruptura de la estrecha relación entre el administrativo y el jefe que existía anteriormente, y el alejamiento debido al uso de las computadoras, el pillaje de los cuellos blancos es otra respuesta que los administrativos han desarrollado para compensarse a si mismos por los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo. A esto es atribuible 30 ó 40 billones de pérdidas anuales y el robo con computadora representa aproximadamente el 10% del total. El robo de los cuellos blancos se asocia normalmente a estratos altamente cualificados pero de hecho, el fácil acceso a los bancos de datos de una empresa, motiva incluso a aquellos que poseen unos conocimientos técnicos mínimos a practicar «técnicas creativas con la computadora». Un operador de un Banco de N.Y. pudo robar dinero de las cuentas de depósitos y cubrir el rastro después, distribuyendo el dinero en otras cuentas haciendo abonos falsos.

Quizás lo más interesante de este ejemplo es que demuestra la facilidad con la que los administrativos que tienen acceso a sistemas on-line pueden destruir y alterar la información. De hecho, el «info-vandalismo», ya sea cometido por empleados descontentos, estudiantes bromistas o grupos de acción directa izquierdistas, se está incrementando a toda máquina.

Las revistas de la industria de computadoras están llenas de artículos y anuncios que hablan de la estabilidad y seguridad de la información almacenada electrónicamente. Recientemente se ha dictado legislación mediante la cual, la manipulación de dichos datos se convierte en delito federal y, en una frenética lucha para proteger sus «blips», las empresas han desarrollado un complejo frente de medidas de prevención que abarca desde la protección física del «Hardware» contra maníacos con imanes hasta la codificación de mecanismos y funciones que aíslen la información.

Hasta el momento estos esfuerzos no han sido adecuados. Ha habido algunos casos de empleados vengativos que han borrado información de cuentas importantes. En un momento dado un operador desbordado de trabajo destruyó información para la facturación de 2 millones de dólares porque no tenía tiempo de pasarlo por la computadora. En Francia, un programador cabreado porque lo habían despedido, realizó un programa aplazado que borró todos los programas de la compañía dos años después de su despido. Otros que habían sido despedidos de sus empresas, han introducido información para beneficiarse de importantes indemnizaciones y pensiones.

Quizás más amenazador que los casos aislados de robo o bromas a las compañías que usan equipo de proceso de datos es la posibilidad de huelgas u ocupaciones por los trabajadores de oficinas, comunicaciones y computadoras. Mientras que la destrucción y el robo son más comunes, las formas más clásicas de lucha se dan también en este sector de la fuerza de trabajo. En Febrero de 1981, los trabajadores de la Cía. de Teléfonos de Brithis Columbia ocuparon su lugar de trabajo en una acción sindical. Durante 6 días dicha empresa operó sin dirección.

Los técnicos y operadores se instruyeron mutuamente a fin de mantener el servicio telefónico durante la acción. En Inglaterra, la primavera pasada, los programadores del servicio civil se declararon en huelga reivindicando aumentos salariales, paralizando completamente el flujo de la sangre vital para la burocracia gubernamental (informes, documentos, memorándums…). Aunque estos actos de sabotaje colectivo no tienen lugar frecuentemente, demuestran la posibilidad de utilizar las computadoras contra las funciones para las que están diseñadas.

Prioridades empresariales y racionalidad automatizada

Uno puede preguntarse por qué el gobierno y las empresas persiguen la computarización con tanto fervor, especialmente si la tecnología es tan vulnerable. Dos de las razones comunes que se dan en respuesta a esta pregunta son velocidad y eficiencia. Léase incremento de productividad. Ciertamente, elementos más irracionales entran también en juego. Parece haber una absoluta manta por esta tecnología, con independencia de si produce mayores beneficios y/o productividad. Muchos técnicos empresariales están convencidos de que así será, aunque no se hayan realizado investigaciones serias sobre esta cuestión. Con independencia de lo que piensen los técnicos individualmente, al nivel global de la sociedad está claro que está teniendo lugar una vasta reestructuración. Segmentos enteros de la economía están siendo desplazados de industrias antiguas con pocos beneficios (automóvil, acero), al fascinante sector de la informática. Esto necesariamente cambia los detalles de nuestra vida cotidiana. Robots, ordenadores y redes de comunicación son sólo algunas de las nuevas máquinas que forman parte de la moderna sociedad basada en la información. De acuerdo con los empresarios liberales, futuristas y entusiastas de las computadoras, del uso de la nueva tecnología emergerá una nueva oficina que alterará el régimen de trabajo. Aducen que las terminales remotas permitirá a la gente realizar el trabajo en sus propias casas y a su propio ritmo, al tiempo que esta visión tiene serios fallos en si misma. No parece probable que la dirección relegue el control sobre el proceso de trabajo. De hecho, en lugar de liberar a los administrativos de la mirada de sus supervisores, el Programa Estadístico para la Dirección que muchos nuevos sistemas ya proporcionan, permiten el escrutinio cuidadoso del resultado (output) de cada trabajador con independencia de donde se realice el trabajo. La descentralización, suponiendo que se produjera, es más posible que produzca la reintroducción del trabajo parcelado al mismo tiempo que destruiría el tipo de ambiente laboral descrito anteriormente, que contribuye a una baja productividad de los trabajadores de oficina.

Fuera del trabajo, artilugios tales como los videojuegos, video-test, objetos aparentemente buenos en sí mismos, definen de una manera creciente las actividades de ocio (observando diversos tipos de pantallas de T.V. en su mayor parte). Las libertades «individuales» creadas por las maravillas tecnológicas de telecompra o del banco en casa son ilusorias y, como máximo, son comodidades que permiten una mayor eficiente ordenación de la vida moderna. La base de la vida social no ha sido tocada por esta «revolución: como en la oficina, permanece jerarquizada. De hecho, el poder de los que tienen el control se ha reafirmado, porque existe una ilusión de libertad creciente. A los habitantes de esta ciudad electrónica se les puede permitir total autonomía, en los límites de su ordenador personal, pero son sistemáticamente excluidos de las operaciones de programación del sistema operante.

Esta visión de la utopía de las computadoras se ha difundido como respuesta a la extendida mala actitud que muchas personas tienen contra las «máquinas inteligentes». Cuando se empezaron a introducir las computadoras para cosas tales como facturación, la respuesta inmediata de la gente fue de resentimiento hacia lo que percibían como una pérdida de poder.

¿Quién no ha tenido la experiencia de luchar contra una «infalible computadora» que intentaba volver a cobrar varias veces una misma camisa, que ha perdido tu expediente académico o desconectado erróneamente tu teléfono por falta de pago? La cuestión no es que las computadoras no funcionen, sino que esta nueva tecnología proporciona a las autoridades una coraza para su poder. La frustración e impotencia que siente la gente puede cargarse convenientemente a un error de la computadora.

Las computadoras utilizadas para automatizar aspectos de la vida social han sido también objeto de sabotaje. Todos hemos oído probablemente una versión de la historia de la iracunda ama de casa irrumpiendo en las oficinas de P.G. & E. con una pistola dispuesta a hacer justicia sumarísima a una computadora culpable. También se han dado casos de sabotaje con un contenido de «crítica social». En 1970 un grupo pacifista autodenominado BEAVER-55 invadió unas instalaciones de Hewlett Packar en Minesotta destruyendo gran cantidad de hardware (máquinas), cintas e información. Más recientemente (abril 80) un grupo en Francia que se llama CLODO (Comité para Liquidar o Desviar las Computadoras) arrasó una firma de computadoras en Toulouse, destruyendo programas, cintas y tarjetas perforadas.

En el primer caso, atacar una fuente centralizada de información fue una forma de protestar y hacer sabotaje a la intervención USA en la guerra del Vietnam. El grupo francés, que tiene muchos trabajadores de informática como miembros, fue más allá al condenar las computadoras por distorsionar las prioridades culturales así como por ser el instrumento preferido de la policía y otras instituciones represivas. Las implicaciones de las formas como se están usando las computadoras necesita ser explorada. Sin embargo en su énfasis en la destrucción masiva, grupos tales como el descrito anteriormente se dirigen demasiado contra la tecnología en sí, por no mencionar la estructura interna autoritaria de estos grupos. No persiguen el objetivo positivo de subvertir las computadoras, de explorar las relaciones entre una tecnología dada y el uso que se le da. En este sentido los bromistas y ladrones, casi siempre obrando espontáneamente y en forma individual, son más radicales que las acciones de aquellos que se agrupan alrededor de una ideología política específica.

Todas estas manifestaciones: bromas, robos, destrucciones en oficinas, huelgas, ocupaciones por trabajadores de informática y espectaculares bombardeos y ataques de los grupos izquierdistas, implica un deseo común de resistir a los cambios que están siendo introducidos sin nuestro consentimiento. La tecnología que se ha desarrollado para mantener los beneficios y las instituciones existentes de control social, es extremadamente vulnerable al sabotaje y la subversión, especialmente, en este período de transición. Si queremos evitar una versión electrónica alienada del capitalismo en la cual el control es sutil pero absoluto, necesitamos extender la subversión desde las máquinas y los procesos de trabajo hacia el conjunto de las relaciones sociales que las hacen posible.

Processed World, verano del 82

pwspecsm


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1 comentario so far
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El info-vandalismo? vaya tecnicismos raros xD

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