Praxis Digital


Hace dos años el diario El País anunciaba: “La viuda de Debord defiende el ‘copyright’ del filósofo”

Hace un tiempo publiqué en otro blog (ya desaparecido) esta noticia de periódico, donde se divulga la denuncia y amenazas de la viuda de Guy Debord contra A. Galloway bajo los cargos de haber infringido los derechos de autor del fallecido tanto como los suyos (la obra en cuestión es un trabajo en conjunto de la radical pareja). Firmada por R. Bosco  y  S. Caldana el 29 de mayo del 2008, es indudable el tono de burla con que estos periodistas (supongo que lo son) del conocido medio hispano se refieren al episodio, particularmente por el contraste superficial que intentan al destacar la contradictoria ironía de que la obra de un “celebre filósofo marxista” (seguro que a Debord le habría molestado más esa etiqueta) sea objeto de un caso de violación de derechos de autor.


No conozco los detalles de la acusación de Alice Becker – Ho contra el profesor Alexander Galloway, pero tengo la impresión de que las invectivas de la viuda no deben ser tan ramplonas como las presentan los malditos medios periodísticos. Aunque debo dejar establecido que tampoco me simpatizan las demandas por derechos de autor, sobretodo cuando hay una labor seria tras el sujeto acusado, y este es el caso del software realizado por el programador y ensayista norteamericano A. Galloway.

Es sabido que Guy Debord era muy escrupuloso con la divulgación de sus trabajos, fueran escritos, filmicos, objetuales o interactivos, como su tablero de juego llamado Kriegspiel podría ser clasificado. El cuidado que podemos detectar en la redacción de sus escritos, tan asimilable a la precisión de los autores del siglo de oro español, es análogo a la elegancia con que eligió al artista (Mr. Raoult) y los materiales (cobre y plata) que constituirían los pocos y exclusivos tableros y piezas del Jeu de la Guerre, que encargaría personalmente. A todo esto, mi pregunta es: un hombre cuya prioridad era la calidad de las características de sus obras, en directa contraposición al hegemónico criterio cuantitativo y la histérica demanda de resultados y sensacionalismo, ¿habría aprobado una versión informática de un trabajo tan cuidado como El juego de la Guerra?

Respecto de A. Galloway, debo decir que mucho de su trabajo me ha interesado y sorprendido. Sus libros “Protocol: How Control Exists After Decentralization” (MIT Press, 2004), “Gaming: Essays on Algorithmic Culture” y “The Exploit: A Theory of Networks”  (junto a Eugene Thacker. University of Minnesota Press, 2007),  son una rica fuente de referencias criticas (muy contemporáneas) a las nuevas formas de dominación y control capitalista, especialmente en Protocol y The Exploit, libros en los que explora el modo en que opera el control en un mundo donde se habla de redes y descentralización, dejando al descubierto las implicaciones políticas que implican los nuevos entornos tecnológicos, un entramado de premisas novedosas e invisibles formulas de pacificación social que ya no tienen nada de novedad aunque se escondan tras esta.

Galloway fue alumno de F. Jameson y M. Hardt, este último coautor, junto a Antonio Negri, de los libros “Imperio” y “Multitud”, por nombrar sólo los dos más conocidos en nuestra lengua, a lo que se suma un ensayo sobre Gilles Deleuze, de quien creo se puede decir es el maestro de todos ellos. En los libros de Galloway, los términos y el estilo deleuzeano son reconocibles claramente, además de las referencias a los temas comunes a la generación de filósofos franceses que algunos llaman post estructuralistas, aunque en sentido más amplio podemos identificar como postmodernos.  Pero también ocupa su lugar en el panteón francofilo el mal reputado Guy Debord (por quien más se ha interesado su amigo McKenzie Wark,  redactor de la presentación de la edición en ingles del primer tomo de la correspondencia de Debord, además de Hacker).

De Guy Debord sabemos que Galloway se ha ocupado de dos formas: con su versión digital del Juego de la Guerra y con su ensayo “Debord’s Nostalgic Algorithm”, en el cual no deja muy bien la memoria de Debord como “luchador social” (este término dice mucho cuando se piensa en quienes lo usan, pero muy poco por sí mismo), reproduce datos inverosímiles (consultese al respecto las criticas que ha publicado Not Bored respecto de Galloway) y apologiza al movimiento autonomista italiano, lo que indirectamente le hace evidenciar  el programa político emancipatorio al que adscribe.

Creo que las acusaciones de la viuda Becker – Ho algún respaldo tienen – pese lo abyecto de sus términos – especialmente si pensamos en la proximidad ideológica de Galloway a Negri, enemigo declarado de Debord, aunque quizás también por la informatización de su tablero de juego. Quizás algo así como un juego de pantalla no es ningún progreso hacia la emancipación de los hombres, y aquí el plagio se transforma en uso indebido.


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