Praxis Digital


Capital, tecnología y proletariado (Miguel Amorós, 2010)

Los orígenes del proletariado hay que buscarlos en el periodo histórico en que la sociedad señorial se  organiza en torno a la economía y se transforma en sociedad capitalista. Ello sucede cuando el dominio del capital, vigente en la circulación mercantil, irrumpe en la producción mediante una “revolución industrial”, en la cual la división del trabajo y la tecnología desempeñan un papel protagonista. La mercancía, esto es, el producto que se cambia por dinero, ha surgido en diversos momentos de la historia, siempre ligada al comercio, pero jamás ocupó un lugar central en la sociedad, y, por consiguiente, su lógica nunca determinó el ordenamiento social. Nunca hasta el siglo XVIII —la centuria de la Ilustración o el siglo de las Luces—, momento en que la cuantiosa demanda debida a las necesidades militares de los Estados alumbró un sistema productivo nuevo, la fábrica, al que correspondió una tecnología unilateral fundada en la ciencia y la producción masiva. El hecho de que la producción sea producción de mercancías es fundamental, pues implica una mercancía particular que añade valor a la materia prima: el trabajo. Su precio, el salario, viene fijado por un mercado especial: el del trabajo. En definitiva, obliga a la existencia de un proletariado. El capital crea a su antagonista, el trabajador asalariado, en condiciones dadas por una determinada tecnología y por un determinado desarrollo del Estado. El proletariado industrial es también hijo de ambos. Concretamente, es fruto tanto de la máquina de vapor, como de la regimentación del trabajo según el modelo militar-fabril.

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Des/colonialidad del poder: el horizonte alternativo (Aníbal Quijano)

Desde mediados de 1973, el patrón de poder global colonial/moderno[1] inició un proceso de radical reconfiguración, que tiene carácter contrarrevolucionario. Mediante el desempleo masivo llevó a los trabajadores a una derrota mundial. Y con la desintegración del despotismo burocrático (llamado “campo socialista”) y la implosión final de la URSS, eliminó a sus rivales en la hegemonía mundial, lo que también produjo la desintegración de los movimientos y organizaciones que le eran realmente críticas y antagonistas. De ese modo, las más profundas tendencias que lo son inherentes en este contexto histórico pudieron ser desarrolladas virtualmente sin resistencia hasta mediados de la década final del Siglo XX.

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